sábado, 12 de noviembre de 2011

The new age of sound.

Pasa que el sonido siempre ha ido de la mano con el cine, pero ultimamente hay dos o tres cintas que vuelven a las raíces experimentales del cine, incluyendo el diseño de audio. El sonido si bien es un "confirmador" primario, crea un estado anímico que apela a lo más primitivo del ser humano. Julian Tresuare ha realizado conferencias donde ve al sonido como un medio de incremento productivo para la empresas, y es justo esto lo que alega. Que el sonido nos afecta en más de una manera, no sólo está porque es natural que esté, más bien que la ausencia de este nos desequilibra porque resulta antinatural.

Dentro del cine viene inmerso el "qué quieres decir" cuando la narrativa es subjetiva tanto la imagen como el sonido se acoplan al tipo de perspectiva que se está narrando. Según Bordwell y Thompson (En su libro del 2004) dentro de la narrativa subjetiva existen niveles de profundidad la subjetividad de percepción, donde captamos los sonidos y las imágenes desde el punto de vista del personaje y la subjetividad mental donde percibimos tanto sonidos como imágenes “internas”, hablando de recuerdos, sueños o fantasías.

Pero es el sonido que ultimamente vuelve a interactuar con el celuloide de manera "retroalimentativa" y porque no, innovadora. He aquí el ejemplo de una de las últimas cintas Black Swan, donde se decidió por poner un gran énfasis en dos cosas: edición y audio. El diseñador de audio de la cinta apeló (como se explica en un post anterior) que era importante manejar un sonido psicológico, porque era el tema principal de la cinta. Vaya, al ser psicológico, se presta para que se ocupe un sonido "no tan natural" pues hablamos de ponerle audio, al miedo, la paranoia, el estres y la liberación (concepto en sí difíciles de poner en imágenes y aún más en sonido)

Pero estos lujos se dan casi que únicamente en el cine de Hollywood, donde el cine realmente representa una industria económica fuerte, lo suficiente para hacerla "digna" de pulir. Porque como mexicanos, estamos muy poco acostumbrados (y no por sonar malinchista) a tener un audio suficiente y poco atrevido. Pero, es que a todo hay un trasfondo.

Sin embargo, tal es la lucha, que por otro lado sigue el asunto del doblaje mexicano (uno de los mejores en latinoamérica) que a pesar de los tropiezos sigue creyendo en lo que convierte a una cinta "palomera" en cine digno de apreciar; Lo mejor no es cantidad, sino calidad.
En México se cumplieron recientemente 80 años del cine sonoro y parece que la celeración viene más acompañada por la lucha de legislaciones en cuestión de protección al cine mexicano. María Rojo, actríz y diputada ha luchado durante años por más y mejores leyes que ayuden, promuevan e impulsen el cine mexicano. Dicho sea de otra manera, el asunto del sonido queda secundario.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Armonizando la imagen.

El sonido, ondas resonando a magnitudes diferentes en nuestros oídos, creando emociones primitivas que a veces, y posiblemente las imágenes por sí solas no puedan lograr con total éxito. El sonido, forma parte primordial de la memoria, de los recuerdos almacenados y la forma en que ahí los guardamos.


Cuando aún somos niños nos enseñan la foto de un gallo y la manera en que la relacionamos en nuestro archivo de nuevos aprendizajes es por medio de la
onomatopeya. Siendo así que la imagen del gallo viene relacionada a nuestra mente hasta el "quiquiriquí", la del perro hasta el "guau guau" y así con el resto de reino animal. Es a partir de aquí que el sonido se convierte en la mera confirmación de qué vemos y cómo entra catalogado en nuestra memoria.


La
hermenéutica del sonido trasciende más allá de la confirmación y el respaldo, su entendimiento y capacidad comunicativa se eleva hasta la base, lo sensorial y lo "pictórico" de la imágen. Si en el cine hemos entendido que la técnica visual, crea ambientes más realistas o fantásticamente reales, el sondio pareciera matizar, más allá de confirmar, los ambientes. Es similar a la sinestesia creada por el olor en la vida real. Cuando olemos una loción o perfume e inmediatamente recordamos a la abuelita/o y sus manos agrietadas, la madre/padre y el tono con que pronunciaban nuestro nombre o el primer amor acompañado del primer beso. Pero hasta que no podemas oler la pantalla, el sonido crea esta emotividad, crea la texturización de los colores del atardecer de verano, la temperatura de la nieve y la emotividad de la muerte.


Por un lado tenemos el escenario primaveral, con el clásico sonido melódico de las aves que crean los tonos acuarela de la ambientación. Pero que con la inclusión de agudos chirridos de cigarras humedecemos y aumentamos la dencidad del aire, haciendonos dificil respirar. Existen en los sonidos un equilibrio y un contrario. Para la relajación, la comodidad y los matices aduraznados existen los sonidos aterciopelados, que son sutiles, suaves, que conllevan un ritmo. Para lo abrupto, lo estrepitoso y los tonos eléctricos se utilizan los fuertes, graves o agudos extremos, los violadores, aquellos que poseen un esquema errante e impredecible.


Es entonces, un recurso sino olvidado por el cine, menospreciado en su capacidad empática del espectador. Si entenemos que el principal orgullo de un realizador audiovisual, es la empatía del público hacia el extracto de imaginario del autor, debemos entender pues que el sonido nos refuerza la empatía. Que el sonido puede movernos, de manera conciente o inconciente para el espectador, de maneras que la imágen únicamente puede tratar de hacer alusión. Ésta es la belleza de los tonos cálidos y suaves que nos presenta la aterciopelada forma del amor con una balada. O cómo lo chirriante del violín rompe y desgarra violentamente nuestra tranquilidad y aumenta las palpitaciones. Es la manera en que el sonido, en todas sus tonalidades artificiales o primitivos, nos figura colores mentales abtractos que nos ayudan a dibujar una acuarela vívida de la narrativa visual.